Los belenes forman parte de la tradición española, hechos con figuritas de barro son una representación plástica del nacimiento de Jesús y con la llegada de la Navidad en Nívar, el ayuntamiento ha elaborado el suyo, para que los vecin@s y foraneos puedan visitarlo.

El Origen de la tradición:

Las primeras representaciones pictóricas del nacimiento de Cristo se remontan al siglo II de nuestra era. En la Catacumba de Priscila, situada en la romana Via Salaria, aparece por primera vez representada la Virgen con el Niño Jesús en brazos junto al profeta Isaías, apuntando con el dedo hacia una estrella –la de Belén, se entiende-.

Sin embargo, la primera celebración navideña en la que se montó un belén fue en la Nochebuena de 1223. Su autor fue San Francisco de Asís, y lo ubicó en una cueva próxima a la ermita de Greccio, en Italia. El belén de San Francisco contaba con un pesebre sin niño, con un buey y con una mula reales.

El testimonio más antiguo de un belén con figuras es del año 1252 en el monasterio de Füsen, en Alemania. De 1300 data la primera representación del nacimiento en España, que tuvo lugar en la catedral de Barcelona.

La tradición la consolidan en el siglo XIV, principalmente, los franciscanos italianos –y posteriormente, las clarisas y los capuchinos-, que utilizaron la representación del humilde nacimiento del Mesías como elemento de predicación. La práctica no tardó en extenderse por Europa –sobre todo, en la Europa mediterránea- y fue primero eclesiástica, posteriormente aristócratica y finalmente popular.

El belén llega a España

Los belenes son fomentados por los franciscanos en la España del siglo XV. En el siglo XVI se monta el Belén de Coral en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, que todavía se conserva. Empiezan a destacar autores de belenes, como Martínez Montañés en el siglo XVI y Luisa Roldán, La Roldana, en el XVII.

Uno de los grandes ‘mecenas del belén’ fue el rey Carlos III, que ya en Italia había hecho del nacimiento una institución nacional mientras era rey de Nápoles. El monarca Borbón encargó más de 200 figuras a los artistas valencianos José Estévez Bonet y José Ginés Marín y al imaginero murciano Salzillo. Estos construyeron “El belén del príncipe” para el hijo de Carlos III, Carlos IV, y muchas de sus figuras se conservan aún en el Palacio Real.

Del siglo XVIII es la representación que todavía se expone en la Iglesia de Santa María en Laguarda (Álava). En los días festivos de Navidad, tras la celebración de la Misa Mayor, se instala un belén barroco de movimiento, con figuras de tela, madera y cuero articuladas. Mientras suenan diferentes piezas musicales a cargo de los gaiteros de la localidad, los pastores del belén bailan, giran y se golpean moviendo sus brazos y piernas, mientras que los carneros luchan con sus esquilas. El 1 de enero se escenifica la presentación del Niño Jesús en el Templo, y el 6 del mismo mes, la adoración de los Magos.

En el siglo XIX surgen las primeras asociaciones de belenistas –la primera en Wenns, Austria, en 1860-, y un siglo después, en 1955, se aprobaba la definición de ‘belén’ en el Segundo Congreso belenista internacional: “Representación plástica y objetiva del nacimiento de Jesús mediante la disposición de un país visto de manera panorámica”.